Como vimos en la entrada anterior, la mayor parte de los controles del sistema nervioso parasimpático, que es el que nos permite relajarnos y recuperarnos de la tensión y las tareas cotidianas, dependen del nervio vago.

El nervio vago (NV) se origina en el tronco encefálico, el tronco del cerebro que detecta, procesa y regula la gran mayoría de las funciones automáticas del cuerpo. En términos generales, podemos decir que no tenemos que pensar de forma consciente para que estas funciones se lleven acabo. Éstas funciones son autónomas y están reguladas por nuestro sistema nervioso autónomo.

Algunas de las funciones que regula el sistema nervioso autónomo son: los latidos del corazón, el pestañeo, la frecuencia y profundidad respiratoria, la contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, la desintoxicación del hígado y los riñones, la digestión en el tracto digestivo, abrir y cerrar las glándulas sudoríparas, producir saliva y lágrimas, la dilatación y contracción de las pupilas de los ojos, la excitación sexual, orinar…

Un 80 % de la información transmitida mediante el NV fluye desde los órganos del cuerpo hacia el cerebro. Y el 20 % restante de la información que fluye por el NV lo hace desde el cerebro hacia el cuerpo. Imagina la cantidad de información que este nervio transmite al cerebro, más que cuatro veces toda la información que transmite desde él.

La información se envía por las neuronas que están dentro de los nervios mediante señales eléctricas y al final de los nervios se liberan señales químicas que son los neurotransmisores. El principal neurotransmisor utilizado por el NV es acetilcolina, que tiene un potente efecto antiinflamatorio en el cuerpo.

Controlar el sistema inflamatorio es una de las funciones más importantes del NV; constituye el principal sistema de control inflamatorio del cuerpo y tiene unos efectos de gran alcance sobre tu estado de salud personal y tus enfermedades. La inflamación es una importante respuesta dentro del cuerpo para mantenernos a salvo de invasores bacterianos y virales, traumas físicos y otras cosas que no deberían estar presentes en el cuerpo. Cuando los niveles de inflamación no se controlan y se hacen crónicos, los efectos pueden ser graves y provocar numerosos problemas de salud. Entre los trastornos más comunes relacionados con los altos niveles de inflamación cabe señalar: enfermedad de Alzheimer, artritis, asma, cáncer, enfermedad de Crohn, diabetes, enfermedad coronaria y cardiovascular, hipertensión, colesterol alto… y cualquier transtorno que termine en el sufijo “ITIS”.

La mayoría de órganos afectados por estas enfermedades están inervados o conectados por el NV. Por tanto, no solo es posible, sino más que probable que el NV no esté funcionando y no tenga un efecto antiinflamatorio sobre estos órganos, provocando una inflamación crónica y ciertas enfermedades.

Mecanismos más comunes que conducen a la disfunción del nervio vago y síntomas que aparecen

Respiración disfuncional. La primera causa y la más habitual de una transmisión de información disfuncional en el nervio vago es una respiración disfuncional.

Un importante factor a tener en cuenta es que podemos entrenar nuestros nervios para que las señales circulen de modo más eficaz y mejorar su función. Asimismo, si no ejercitamos un determinado tipo de músculo o nervio, la función de este nervio se vuelve lenta y disfuncional.

Pasamos años entrenándonos crónicamente para respirar de forma incorrecta. Esto conduce a problemas que afectan a múltiples nervios. La circulación de los mensajes a través del nervio vago se vuelve menos efectiva conforme nuestra respiración se vuelve menos efectiva.

Aprender a respirar correctamente es una de las cosas más simples y beneficiosas que puedes hacer para tu salud. Las técnicas para respirar de forma correcta constituyen el eje principal de muchas terapias, prácticas y entrenamientos.

Secuencia digestiva disfuncional. Un proceso digestivo óptimo tarda aproximadamente entre 16 y 20 horas en completarse, desde la ingesta de comida hasta la eliminación de residuos. Si la digestión se produce con demasiada rapidez es probable que la persona sufra una mala absorción de nutrientes mientras que una digestión que se prolonga más de 24 horas se asocia con un aumento de la acumulación de toxinas, un aumento de bacterias oportunistas y un intestino permeable.

Es muy importante que mastiques la comida bien. Después de masticar, el nervio vago envía unas señales para que la laringe y faringe permitan que el bocado masticado pase al esófago… El nervio vago facilita el desplazamiento de la fibra indigerible a través del intestino delgado hacia el intestino grueso… Toda la secuencia digestiva es controlada, principalmente, por el nervio vago, por el que, constantemente, circulan señales de ida y vuelta entre los órganos y el sistema nervioso central y que requiere un bajo nivel de estrés para funcionar de forma óptima. La digestión solo puede producirse en la secuencia correcta si se obtienen las señales adecuadas del NV y la cantidad necesaria de tiempo para que se cumpla cada paso. Cuando comemos a toda prisa o frente al ordenador o no prestamos atención a la comida que tenemos delante somos incapaces de enviar señales correctas a nuestro cerebro y nuestros órganos digestivos para que el proceso digestivo funcione en un nivel óptimo.

Otra consecuencia de una débil activación del nervio vago es que se produzca un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, lo que es causa común de enfermedades como el síndrome del intestino irritable, la enfermedad de Crohn, colitis ulcerativa y muchas otras enfermedades autoinmunes.

Elecciones alimentarias disfuncionales también pueden conducir a un mal funcionamiento del nervio vago, una digestión disfuncional y a deficiencias nutricionales. Consume alimentos auténticos -frutas, verduras, cereales y pescado, carne, huevos y aves de calidad-, limpios, es decir ecológicos, no en demasiada cantidad y principalmente plantas -un 75 % de lo que comes debe crecer en o sobre una planta.

Microbioma disfuncional. La población bacteriana que habita en el intestino y en la piel tiene un importante efecto sobre nosotros. Si esta población no está bien equilibrada, puede convertirse en un estresor de graves consecuencias para tu cuerpo.

Existen numerosos estudios que indican que muchos de los efectos de la microbiota intestinal sobre la función cerebral dependen en gran medida de la activación del nervio vago y su buen funcionamiento. Se ha observado que a medida que perdemos diversidad y representación de diversos grupos de poblaciones bacterianas del microbioma, nuestra salud se resiente, lo que causa una disminución de la fuerza y el rendimiento cognitivo.

Inflamación crónica y activación inmunitaria. La inflamación crónica es el signo más común y evidente de un mal funcionamiento del nervio vago. Puede manifestarse de diversas formas, desde un dolor artrítico hasta trastornos autoinmunes. Mejorar el tono del nervio vago puede ayudar a reducir estos signos inflamatorios y limitar el daño que causan.

Frecuencia cardiaca disfuncional. Un signo del nervio vago disfuncional es la incapacidad de normalizar rápidamente la frecuencia cardiaca después de un evento estresante.

Los cambios en la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la función cardíaca que no pueden ser debidamente regulados, son signos de que el nervio vago y el sistema nervioso autónomo no funcionan a nivel óptimo.

Función hepática disfuncional. Tu hígado realiza centenares de tareas cada segundo. Hay que asegurarse de que los procesos hepáticos, incluida la función de desintoxicación, funcionan bien, en caso contrario es probable que el cuerpo sufra un proceso inflamatorio crónico de menor grado que con el tiempo puede anular los efectos del nervio vago.

Estrés crónico. La diferencia entre estresores positivos y negativos no consiste en que unos te ayuden a crecer y otros te hundan. La diferencia reside en tu percepción del estrés y el efecto que tiene sobre ti.

Muchos de estos de estresores están causados por hábitos de los que no somos conscientes, “hábitos del estilo de vida”, y la buena noticia es que, cuando tomamos conciencia de estos hábitos, podemos cambiarlos. Sin embargo, si no eres consciente de ellos, puedes añadir un estrés adicional a tu cuerpo.

Para que nuestro cuerpo funcione de forma óptima, deberíamos activar nuestro nervio vago un 80 % del tiempo, aproximadamente, y permanecer en un estado relativamente parasimpático, relajado. No obstante, es importante que seamos capaces de pasar rápida y fácilmente al estado simpático para hacer frente a los estresores que pueden aparecer en cualquier momento. Y esto tendemos a poder hacerlo, con bastante facilidad, gracias al neurotransmisor adrenalina y la hormona cortisol. Los problemas de salud empiezan aparecer cuando nos cuesta pasar del estado simpático al estado parasimpático.

Cuando permanecemos en un estado de actividad crónica de nuestros nervios simpáticos con exposición continua a estresores de menor grado y durante largo tiempo, el tono de nuestro nervio vago disminuye progresivamente y desemboca en una disfunción del mismo.

Es fundamental adquirir hábitos de vida positivos para pasar más rápida, eficaz y cómodamente de un estado simpático a un estado parasimpático. Para poder realizar cambios en los niveles de estrés, primero debemos ser capaces de identificar todos los estresores a los que puede estar sometido nuestro cuerpo, en especial los estresores invisibles que se producen en nuestros puntos ciegos.

Sueño y ritmo circadiano disfuncionales. Cuando dormimos, pasamos por cinco fases cíclicas de actividad cerebral. Las fases tres y cuatro son fases de un sueño profundo y restaurador asociadas a la reparación de músculos y tejidos, crecimiento y desarrollo, potenciación de la función inmunitaria y producción de la energía para el día siguiente: se trata de todas las tareas en las que media el nervio vago para ayudar a nuestro cuerpo a rendir al día siguiente a nivel óptimo. Está demostrado que la actividad del nervio vago (medida según la variabilidad de la frecuencia cardiaca) es notablemente más alta durante los estadios tres y cuatro del sueño.

Un sueño profundo y restaurador representa el gimnasio para el nervio vago. El nervio vago se entrena durante el sueño profundo y restaurador. Al igual que la mayoría de los nervios, si no los utilizas, los pierdes. Es decir, si no los entrenas, les privas de la capacidad de rendir de forma óptima. Entrenar tus nervios es muy importante para que funcionen bien, y del mismo modo que el gimnasio es importante para entrenar los nervios que activan tus músculos, el sueño profundo y restaurador es un gimnasio para el nervio vago.

En la siguiente entrada, hablaremos de las actividades y ejercicios que ayudan a activar el nervio vago.

Fuente: “Activar el nervio vago”. Navaz Habib. 2019. Urano.